Ya en la Roma antigua los esposos intercambiaban un anillo de metal para certificar su unión. En la mitología de aquella época, el anillo era el símbolo del círculo de la vida y de la eternidad. Es sólo al principio de la era cristiana que el oro, el metal precioso entre todos los metales, reemplazará al hierro.
Y si hace ya siglos que el hombre desliza la alianza alrededor del dedo de su esposa, hace unas decenas de años el hombre intentaba informaba discretamente sobre el grosor del dedo de su pareja para confeccionar el anillo. Actualmente la tradición ha cambiado (seguramente debido a que muchas veces los anillos no quedaban perfectos). Ahora la pareja acude a un joyero para elegir el anillo y que éste tome la medida de los dedos. Aunque los tiempos han cambiado, el símbolo permanece.
A los anillos simples de oro o plata, actualmente les han salido competidores, con anillos y composiciones más audaces. Por ejemplo, el anillo de compromiso se realiza mucho actualmente de diamantes. Los griegos eran apasionados de los diamantes. Para ellos éstos eran fragmentos de estrellas caídos sobre la tierra. O incluso los más místicos sostenían que los diamantes eran lágrimas de los dioses.
La alianza del hombre debe ser simple. Y es que, generalmente, los hombres no son muy dados a llevar joyería extravagante. La alianza de casado es, muy a menudo, la única joya que llevan encima. Y muchos se la quitan incluso para dormir. La única originalidad que encontraremos en este tipo de alianzas es la variedad del color (oro amarillo, gris o rosa) y la forma del mismo (podemos encontrar anillos cuadrados).
Una vez elegidas las alianzas, sólo queda una cosa por hacer, si es que lo deseas: inscribir dentro de ellas algo. Lo más sencillo es inscribir vuestros nombres y la fecha del enlace. Aunque también puedes optar por escribir una frase que os haya marcado o un mensaje que queráis recordar siempre. Y tras esto, ahora ya sí, las alianzas están completamente listas. Lo único que queda es deslizárselas mutuamente con la esperanza de no retirarlas jamás.
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