Uno de los momentos previos a la ceremonia de la boda más emocionantes es la pedida de mano. Muchos no la ven relevante y no le prestan demasiada atención, pero es una parte importantísima. Es un hecho que se recordará toda la vida, por lo que debemos hacerla muy especial. Estamos ante una tradición que se conserva en muchos países y que pese al paso de los años ha sabido siempre adaptarse.
Antiguamente la pedida de mano era una ceremonia que marcaba el inicio del matrimonio. La tradición era que el novio acudiera acompañado de sus padres, a casa de la novia. Sería el padre del novio quien solicitara al padre de ella el consentimiento para el enlace. Y como sello del compromiso, el prometido entregaba a su futura esposa un anillo.
Actualmente los tiempos han cambiado y aunque la ceremonia perdura en muchos casos, ésta se ha transformado notablemente. Ahora el compromiso se realiza primero entre los novios y ya posteriormente se da el paso de comunicárselo a sus familias.
Pedirle a la novia matrimonio es un momento al que muchos novios se enfrentan con nerviosismo. No saben cómo hacerlo… quieren que sea especial… no encuentran las palabras ni el momento apropiados… Queremos ayudarte con este trance y conseguir que tu pedida de mano sea memorable e inolvidable. Para ello hemos preparado una serie de consejos e ideas que te serán realmente útiles:
A la hora de realizar la pedida, nunca lleves un papel escrito. Llevarlo delata falta de personalidad para asumir un momento tan especial. Aunque eso no quiere decir que improvises, pues puede que no salga del todo bien. Para evitar el papel y la improvisación, ensaya frente al espejo. Piensa lo que vas a decir bien, mírate y estate seguro. Si trasmites seguridad, todo saldrá bien.
Si eres una persona nerviosa o algo insegura, intenta hacer la pedida sentado (siempre que la situación lo permita). De esta forma, es más fácil dominar la situación que si se está de pie. Y ve al grano. Dile lo mucho que significa para ti en tu vida, lo mucho que la necesitas y pídele que se case contigo.
Evita las bromas salvo si estás absolutamente seguro que serán bien recibidas. Una broma poco apropiada puede que no cause el efecto deseado y sólo generará más tensión.
Nuestro último consejo es que recuerdes una consigna que te será de gran ayuda para tranquilizarte y coger seguridad. Ante todo recuerda que “no hay palabras mal dichas, cuando se dicen con el corazón”.
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